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M&A y Valoración

Banca de inversión para empresas medianas en Colombia

6 de septiembre de 2026 · Capitalia · 11 min de lectura

M&A y Valoración

Elegir asesor para vender, comprar o financiar una empresa mediana en Colombia se reduce a tres preguntas: quién va a hacer el trabajo, cómo se le paga y qué pasa si el proceso no cierra. Todo lo demás —el nombre de la firma, el tamaño del equipo, lo bien que quede la presentación— explica bastante menos del resultado de lo que parece cuando uno está del otro lado de la mesa.

Resumen rápido: casi ningún dueño contrata banca de inversión más de una o dos veces en su vida, así que no tiene con qué comparar. Esta guía es lo que le diría a un amigo que me llama para preguntarme a quién llamar: qué hace realmente un asesor, cuándo no vale la pena contratar a nadie, cómo se cobra el trabajo y las siete preguntas que separan una conversación seria de una presentación de ventas.

¿Qué hace un banquero de inversión, en concreto?

Ordena un proceso que la empresa no está montada para correr sola.

Una transacción extraordinaria —vender, comprar, refinanciar, levantar capital— no se parece en nada a la operación del día a día. Exige preparar información que nunca se preparó de esa forma, hablar al mismo tiempo con contrapartes que no se deben enterar unas de otras, sostener una negociación durante meses sin desatender el negocio, y decidir con la cabeza fría en el momento de mayor carga emocional que va a tener el dueño.

El trabajo tiene cuatro partes que suenan obvias y casi nunca se hacen completas.

Preparar. Ordenar los estados financieros, normalizar el EBITDA, identificar las contingencias que un comprador va a encontrar y resolverlas antes de que las encuentre. Es la fase más aburrida y la que más mueve el resultado.

Crear opciones. Una sola contraparte no es un proceso, es una conversación. El valor del asesor no está en conseguir un comprador: está en que existan varios al mismo tiempo, porque solo así el dueño tiene algo que decidir.

Sostener la negociación. Aquí es donde se caen los procesos, y casi nunca por el precio.

Cerrar. Debida diligencia, contratos, condiciones, escrow, earn-outs. La parte donde el acuerdo se convierte —o no— en plata en la cuenta.

Y hay una quinta que no aparece en ningún mandato: decirle al dueño que no. Un asesor que solo cobra si hay transacción tiene un incentivo estructural para que la haya. Vale la pena preguntarle de frente cómo maneja eso.

Las tres opciones reales, y cuándo gana cada una

El competidor de una firma de banca de inversión casi nunca es otra firma. Es “lo hacemos nosotros”.

Cuándo ganaDónde falla
El equipo interno (CFO, contador, el abogado de la familia)Operaciones recurrentes: renovar cupos, un crédito ordinario, comprarle a un competidor que ya se conoceNo tiene con qué comparar. Hace la operación por primera vez contra una contraparte que la hace todos los meses
El banco de siempreCuando lo que se necesita es exactamente el producto que el banco vende y la relación ya está construidaOfrece lo que tiene, no lo que usted necesita. Su incentivo es colocar, no aconsejar
Un asesor independienteTransacciones excepcionales: vender, comprar, reestructurar deuda, resolver una sucesión o la salida de un socioCuesta dinero antes de que haya resultado, y exige abrirle la empresa a alguien de afuera

La honestidad obliga a decir la primera línea en voz alta: si la operación es rutinaria, no contrate a nadie. El CFO y el abogado de siempre la resuelven mejor y más barato.

¿Cuándo NO vale la pena contratar un asesor?

Cuatro casos, y ninguno es discutible.

La empresa está sana y no hay decisión que tomar. Un negocio con cupos de sobra y sin intención de vender no tiene qué comprar acá. La banca de inversión resuelve un evento, no un estado.

Ya está todo decidido y solo falta la documentación legal. Cuidado con este, porque es el que más se confunde. “Ya decidí vender” no es haber decidido. Haber decidido es tener resueltas las tres: cuánto, con quién y cómo. Precio acordado —no un número en la cabeza—, contraparte identificada y sentada en la mesa, y estructura definida: qué se vende exactamente, en qué condiciones, con qué garantías, cuánto se paga al cierre y cuánto después. Si las tres están cerradas, lo que queda es trabajo de abogado y cuesta una fracción. Si falta una sola de las tres, no hay acuerdo: hay un proceso a medias — y el proceso es justamente donde el precio se hace o se pierde.

La familia no está de acuerdo. Un proceso que arranca con los socios divididos no se cae al principio: se cae al final, después de haber gastado un año y de haberle mostrado la empresa al mercado. Primero se alinea la casa.

La empresa no está lista y hay tiempo. Si las cifras no cuadran, la contabilidad está desordenada o hay una contingencia sin resolver, salir ahora es quemar la oportunidad. Es preferible perder doce meses preparando que perder la venta.

El tamaño: la pregunta que nadie hace en voz alta

Es la primera duda del empresario mediano colombiano y casi nunca la formula, porque preguntarla se siente como pedir permiso.

Toda firma tiene un piso de tamaño, y es legítimo: un proceso cuesta prácticamente las mismas horas si la empresa factura 30.000 millones o 300.000, así que por debajo de cierto punto el trabajo no se sostiene. Lo que no es legítimo es no decirlo. Uno se entera tres reuniones después, cuando ya contó toda la historia de la compañía.

Pregúntelo en la primera llamada, sin rodeos: ¿desde qué tamaño trabajan ustedes? Si la respuesta es vaga, ya aprendió algo. Y funciona en las dos direcciones: una compañía que factura 400.000 millones tampoco quiere ser el cliente más grande de una firma que nunca ha corrido un proceso de ese tamaño.

Las siete preguntas antes de firmar un mandato

Ninguna es incómoda para alguien que tiene con qué responderla.

1. ¿Quién hace el trabajo día a día? No quién viene a la reunión de venta. Quién le contesta el teléfono en el mes ocho, cuando el comprador cambie una condición un viernes a las siete de la noche.

2. ¿Desde qué tamaño de empresa trabajan? Lo de arriba.

3. ¿Qué proporción de sus mandatos firmados llegó a cierre? Es la única métrica que de verdad importa y casi nadie la ofrece por su cuenta. Un número honesto —incluso uno modesto— dice más que una lista de logos.

4. ¿Qué pasa si el proceso no cierra? Qué se devuelve, qué se queda, en manos de quién queda el material que se construyó. Va en el contrato, no en la conversación.

5. ¿Cómo se define “éxito” acá? Hay clientes que quieren asesoría y clientes que quieren que les vendan la compañía. Las dos cosas son legítimas, pero tienen que quedar escritas igual. Si su expectativa es cierre y el contrato premia actividad, el problema aparece en el mes seis.

6. ¿Qué conflictos de interés existen? Si el asesor también representa compradores, tiene un fondo, o cobra de las dos puntas, no es necesariamente descalificante — pero usted tiene que saberlo antes.

7. ¿Qué me diría si la mejor decisión fuera no hacer la operación? La respuesta le dice qué clase de asesor tiene enfrente. El trabajo no es hacer una transacción: es ayudarlo a tomar la mejor decisión, y a veces la mejor decisión es no hacerla.

¿Cuánto cobra un asesor de M&A en Colombia?

El estándar del mid-market latinoamericano tiene dos componentes.

Un retainer mensual durante el mandato. Paga el trabajo que se hace exista o no transacción: la preparación, el análisis, la construcción del universo de contrapartes.

Un honorario de éxito, típicamente entre 3% y 8% del valor de la transacción, decreciente a mayor tamaño, pagadero al cierre.

La objeción al retainer casi nunca se dice de frente. Se dice como “el porcentaje de éxito no duele tanto” o como “eso lo hago yo mismo”. Y tiene una respuesta que no es defensiva: sin retainer no hay compromiso de ninguna de las dos partes. Un asesor que trabaja solo a éxito atiende primero al cliente que sí le paga, y el proceso avanza cuando a él le queda tiempo.

Lo que sí debería exigir es que le expliquen exactamente qué compra ese retainer y en qué queda si la operación se cae. Un mandato serio lo dice por escrito.

La exclusividad viene en el paquete y también tiene razón de ser. Cuando dos intermediarios le ofrecen la misma empresa al mismo comprador, el comprador no concluye que la compañía es atractiva: concluye que hay afán. Y ajusta el precio.

Por qué se caen los procesos

Entre los empresarios medianos colombianos con los que he hablado en el último año, el caso más frecuente no es el que nunca ha intentado vender. Es el que ya lo intentó y no cerró. Llega con una cicatriz concreta y la cuenta antes de que uno se lo pregunte: contingencias que aparecieron el día de firmar, un earn-out que cambió sobre la marcha, un proceso que parecía abierto y estaba cerrado desde el principio, un comprador que se tomó ocho meses para decir que no.

En varios de esos casos la causa fue exactamente la misma, y no fue el precio: alguien no dijo a tiempo que no sabía, o que no lo iba a hacer.

Eso vuelve la autopsia más útil que la valoración. Antes de volver a salir al mercado, la pregunta que produce valor no es cuánto vale la empresa. Es por qué se cayó la vez pasada y qué de eso sigue igual hoy. Si un asesor le ofrece una cifra en la primera reunión sin haber hecho esa pregunta, está vendiendo.

Qué mirar en la primera reunión

Tres señales, en orden.

¿Le hicieron preguntas o le hicieron una presentación? La proporción entre las dos cosas es el mejor predictor disponible de cómo va a ser el mandato completo.

¿Le dijeron algo que usted no sabía de su propia empresa? No una obviedad envuelta en gráficas: un hecho verificable sobre su compañía o su sector que usted no tenía.

¿Le dieron un rango o un número? Un número exacto de valoración en la primera reunión, sobre información pública y sin haber visto el detalle, no es rigor: es una técnica de cierre. Un asesor serio nombra los temas que un comprador querría entender antes de valorar, y deja la cifra para cuando tenga con qué sostenerla.

Una nota sobre el momento (septiembre de 2026)

Vale la pena decir esto con fecha, porque caduca. A lo largo de 2026 los empresarios con los que hablé describieron la misma curva: decisiones congeladas antes de las elecciones presidenciales, una represa de operaciones aplazadas, y desde mediados de año un destape. Lo que más se repite ahora no es cautela: es que hay apetito y conviene moverse.

Eso no es una razón para vender. Es una razón para que la preparación no espere, porque la ventana la abre el mercado y la aprovecha quien ya tenía la casa ordenada.

Según lo que necesite

La respuesta a “¿necesito un asesor?” cambia bastante según cuál sea la operación. Cada caso está desarrollado aparte:

Antes de llamar a nadie

Hay un paso previo que no cuesta nada y ordena la conversación: mirar sus propias cifras al lado de las de su sector. Los estados financieros que las empresas colombianas radican ante la Superintendencia de Sociedades son públicos, y en el buscador de empresas y en las páginas de industria están organizados por compañía y por sector, sin formularios de por medio.

No reemplaza a un asesor. Pero llegar a la primera reunión sabiendo dónde está parado su negocio frente a sus pares cambia qué preguntas puede hacer — y qué tan rápido se nota si del otro lado hay criterio o hay una presentación.

Fuentes y cómo leer esta guía

  • Datos de empresas colombianas: estados financieros radicados ante la Superintendencia de Sociedades, de acceso público. Son la base de las páginas de empresa e industria de este sitio.
  • Rangos de honorarios, plazos y prácticas de mercado: provienen de la experiencia de Capitalia asesorando transacciones en el mid-market colombiano y latinoamericano, y de conversaciones con empresarios y contrapartes financieras. Son órdenes de magnitud, no tarifas publicadas: cada firma fija los suyos.
  • Lo que es criterio y no dato: las recomendaciones sobre cuándo contratar, qué preguntar y qué mirar son juicio de banca de inversión de Capitalia, no un resultado que salga de una base de datos. Se presentan como tales.

El presente contenido es de carácter informativo y educativo. No constituye recomendación de inversión en los términos del Decreto 2555 de 2010. Cada transacción requiere asesoría particular. ¿Está evaluando una operación? Conversa con un advisor de Capitalia.

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